Ruleta
I. Cuerpo del crimen
Pensando en la situación que estaba viviendo, no entraba en razón cómo podía ser que amándose como lo hacían, no podían estar juntos. Solo realizaban encuentros nocturnos y eso ya no lo satisfacía, no quería seguir viviendo en esa posición, quería compartir el resto de su vida al lado de ella, sin esa persona huraña, tosca y molesta, que no vivía ni les dejaba vivir en paz su pasión desenfrenada. Por eso decidieron poner fin a ello e idearon un plan, ella primero debía jugar a seducirlo, mientras él miraba todo desde las penumbras de la habitación para aprovechar el momento justo para salir y asfixiarlo. Luego lo llevarían en auto hasta el río y lo tirarían con auto y todo.
Al momento de transportarlo, aceleró a toda velocidad, la calle estaba resbalosa, cuando quiso frenar en una curva era muy cerrada, el auto se le fue de costado y empezó a girar como un trompo. Antes de dar la 2º vuelta despertó todo transpirado y con el teléfono que no paraba de sonar. Estaba en verdad nervioso porque no era la primera vez que tenía ese sueño, pero ninguna vez pudo reconocer algún rostro ni tampoco el lugar donde transcurrían los hechos.
No se sabe por qué razón la gente decide acompañar la muerte con días depresivos, como suele ocurrir con los días domingo, donde estadísticamente hay mayor tasa de suicidios, donde todo duerme, todo es silencio y te obliga a estar con vos mismo y tus pensamientos. A las personas depresivas solo se les ocurre pensar en un mismo final, quitarse la vida y piensan que haciendo ello, arreglarían la vida de todos los que lo rodean y además vivirán más tranquilos y apacibles, sin pensar en ese lastre.
También podemos encontrar en las películas, que el momento de la muerte y el entierro es acompañado por un día gris y lluvioso, como para entender el estado de ánimo de los presentes. Si fuera un día soleado, ¡ay de vivir esa situación!
La madrugada del domingo, no fue un día que escape a esa situación descripta. Fue una madrugada lluviosa y tétrica. Esa mañana Max Wells (nombre artístico de Teodoro María, era un joven de 28 años que no llegaba a la altura promedio, tan solo media 1,60 mts, morocho y de tez blanca. Tiene por vocación y profesión ser detective, ya desde muy chico se le había despertado el interés por investigar y resolver cosas, pero la realidad es que nunca resolvió ningún caso importante para lo que él consideraba. Por lo que asistía a la policía en cuanto a las investigaciones, tenía un método bastante particular, y en conjunto resolvían los casos).
Max fue llamado por teléfono por la policía, este atendió con su característica voz, casi ronca y de a ratos inentendible, sumado a que estaba durmiendo. Lo necesitaban en la ribera de Quilmes, para reconocer un auto que hallaron (A todos les gustaba reír con el descabellado método deductivo que utilizaba Max Wells. Siempre parecían ser ideas erróneas y a la vez graciosas las deducciones pero siempre terminaba impresionando con los resultados logrados).
Al llegar vio que el auto estaba chocado de frente, el vidrio roto pero solo del lado del conductor, el cinturón de seguridad que siempre se debería llevar puesto estaba intacto, el asiento estaba corrido hacia atrás (cosa que era imposible porque no llegaba a los pedales). Además, raramente habrían cristales dentro, siendo que por la presión del agua llenaría al auto y las fuerzas de las distintas presiones haría que el vidrio se rompa y sea expulsado para el lado de afuera, así el agua del interior logra escaparse También halló pequeños pedazos de ladrillo y revisando por afuera la patente o lo que quedaba de ella y por el modelo del auto pensó en la muerte del tío, ya que coincidía en el auto y lo poco que quedó de la patente, era casi similar por lo que podía ver.
Por otra parte, esa misma mañana también lo habían llamado desde la morgue del hospital municipal, porque esa mañana había ingresado un cadáver que había sido hallado en Bernal. Max temía que sea su tío, lo cual fue confirmado de inmediato cuando le dijeron que dentro de los documentos estaba su número para que sea avisado en caso de una emergencia, motivo por el cual fue llamado y para que corrobore la información y el cuerpo. No se explican los motivos porque fue él, el único que se encontraba disponible para realizar algo tan importante, ya que en los documentos figuraba que estaba casado con Dana y con ello podían cruzar datos. No obstante, no le importó mucho en ese momento, ya que era un momento muy trágico. Luego del llamado y casi temblando, Max Wells se dirigió de inmediato a la casa de su tío y fue el encargado de darle la triste noticia a su tía que había fallecido su marido (Max no quería a la tía no porque no la quería, sino porque ella expresaba cierto repudio hacia su persona, con el agravante que cuando iba a visitar al tío o bien ellas se iba y regresaba tarde o no estaba en la casa y siempre pero siempre esperaba a que él se fuera para poder "cenar", así el repudio se hizo mutuo. Cuando era más chico, Max indagaba porque ella tenía esa actitud hacia él pero nadie le contestaba o le decían que eran ideas suyas, que ella trataba a todos por igual. Mismo el tío le decía que eso era pura coincidencia que no lo hacía a propósito, que cuando ocurra algo, se iban a volver a unir como en los viejos tiempos y si lo deseaba en ese momento se lo podría preguntar, claro que Max nunca quiso hacerlo). Pero Dana a la noticia la recibió como si fuera algo normal como si le dijeran “buenas noches”, no le cambió ni un gesto en la faz del rostro pero lo que si se le notó es que comenzó a transpirar y le costaba respirar, se le notaba mientras decía que él solía decir que le dolía mucho el cuerpo, y que minutos antes de que se vaya con el auto habían discutido muy fuerte, incluso se habían golpeado. Según deducciones de Max, los golpes que tenía no parecían ser golpes de manos, es más, solo los tenía en solo lado y donde nadie los podía encontrar, esta es una de las características de los hombres golpeadores, dejar marca donde no se vean y el tío Juan no era así, no era ni capaz de matar a una mosca. Aún así le dijo a su tía que su marido finalmente yacía en paz y que fue solo fue a darle esa mala noticia, el pésame y a decirle que podía contar con él para lo que necesitase. Dicho esto, ella le pidió si podía acompañarlo para despedirse, así que juntos emprendieron camino hacia la morgue. Mientras Max pensaba en que la actitud de ella realmente se desconcertó, se inquietó y que definitivamente pensó en que debería investigar a fondo el caso porque no era una simple muerte, sino que había una historia detrás de todo esto.
Una vez en la morgue, para su desgracia y pese a su maldito pálpito, el cadáver era de su querido tío, Juan. Le informaron que el cuerpo fue encontrado en la costa de Bernal, tras el gran temporal, entre que tuvo un paro cardíaco, no podía ver el camino y fue así que cayó al agua y murió ahogado. Max, al oír esto pidió que se le hiciera una autopsia para conocer la causa de su muerte, no podía ser esa una causa verdadera, le parecía muy tonta. No creía que fuese que murió ahogado porque tuvo un paro respiratorio y no pudo salir a flote, no veía hinchazón en el cuerpo, notó que el dedo gordo de la mano derecha tenía un color distinto al resto del cuerpo.
A Max le llamó la atención de sobremanera que el auto había chocado contra el muelle y no había sufrido ningún daño en el rostro, el vidrio estaba todo roto, eso lo llevó a pensar que algo raro estaba pasando, es más si en verdad murió ahogado no debería flotar el cuerpo porque tendría agua en los pulmones. Pidió si podía revisar el cuerpo por su cuenta, juro que no tocaría nada. Aunque sea una situación que no se dé muy a menudo, el querer revisar el cuerpo de un familiar querido, necesitaba que accediera a ese favor, lo más raro fue que le hayan concedido ese permiso. “Solo tengo que mirar detalladamente donde otros lo ignoraron para saber que algo extraño había sucedido y deba ser investigado”. Se le notó tanto el rostro de terror que le preguntaron qué sucedía y si se encontraba bien. Lo primero que se le ocurrió responder fue que el dedo del pie estaba morado de forma descomunal. Pidió por favor que ni bien estén los resultados de la autopsia que le avisaran, él esperaría el llamado en su oficina de Irigoyen y Rivadavia.
Max quiso aceptar el caso como algo personal (aunque nadie se lo haya ofrecido), para lograr escapar del estigma que tenía desde el primario. Además, le pareció en extremo importante revelar esta red de tejidos de mentiras y omisiones, búsqueda de culpables e inocentes. Max sentía que su deber era desenredar el entramado que se tejió sobre la misteriosa muerte de su tío. Además, le sería provechoso resolver esa muerte para limpiar su imagen de detective fracasado y pasar a ser respetado al lograr desentrañar esa madeja entrañable que lo acosa e invade y ser reconocido como el detective más frío del país, al separar lo sentimental de lo profesional, sin tener miedo al hallar la verdad.
En el periódico de mayor tirada en Buenos Aires, en el segmento de noticias insólitas, aparecían las crónicas de Max Wells:
Mientras regresaban de la morgue sin hablar, de la nada Dana sugirió que debían dejar hablar a la autopsia y agregó que no podían sacar conclusión alguna de este hecho, todos vamos a hablar por boca de jarro, que había que dejar que los profesionales actúen y no dijo más nada hasta que se bajó del auto y se despidió.
Tras la larga espera, una semana aproximadamente, en relación a la extrema urgencia que requería el caso nadie hizo nada hasta que se recibieron los resultados. Sin haber oído aún los resultados, ni comprender porque sospechaba tanto Max Wells sobre las causas reales de la muerte de su tío: “La autopsia reveló que murió de un accidente cardiorrespiratorio”. Como era de esperarse, ya que todos sabían que el tío estaba mal del corazón y que había sufrido varios paros cardíacos, según expresaban los periódicos informes médicos que presentaba el médico que lo atendía hacía varios años (se llegó a la medida que se los entreguen a los familiares porque Juan siempre “los perdía en el camino” y decía que estaba todo bien). Por lo que se anexó a su expediente, la historia clínica, alegando que es y fue una muerte natural.
Según había dicho la mujer de Juan, Dana Eliana de María, habían discutido la noche anterior, él se fue manejando en un estado colérico que le era perjudicial para él y su delicada salud, encima en un día tan frío y tenebroso, se había pronosticado un temporal y recomendaban que fuera mejor estar dentro que fuera de la casa. Igualmente ella tenía un compromiso impostergable, pero al momento que se había retirado de la casa, después 2 horas aún no había regresado. Según tenía entendido debido al temporal, él hizo una maniobra brusca en la zona costera, para esquivar un coche que venía en contramano, desbarrancó y cayó al río, ya inconsciente. Como había mencionado no podía cancelar ese compromiso, de ello dependía su ascenso a una nueva y mejor vida, era el sueño cumplir el sueño que deseaba desde chica, mantener el status social de niña al ya no ser mantenida por el adinerado padre. Por eso el único que estaba disponible era Max que como todo detective, prefirió reservarse la duda y no dar nada por el 100% de credibilidad a todo, los exámenes no dicen nada, decía. A pesar que misteriosamente el compromiso impostergable que tenía, se había cancelado, y ahora Dana podía merodear en la sombra de Max.
Max tenía la leve sospecha de que los estudios jamás fueron realizados, y que las pruebas que le entregaron fueron alteradas por computadora, pero cortésmente como un verdadero gentleman, le dio la mano al médico y las gracias por sus servicios (Sin embargo, esa mano era débil, floja, sinónimo de desagrado y de desconfianza. Con lo cual podía darse por entendido que aún tenía una sospecha de que ese incidente fue ocasionado y debía continuar con la investigación por su cuenta y libre de interferencias y que nadie pueda intervenir en los resultados). A Max le parecía un tanto imprecisa y contradictoria la información brindada por Dana. Juan era muy temeroso como para andar a esas horas en la calle, sumado a las pésimas condiciones del día, le hacía demasiado caso a los noticieros por eso sonaba muy raro que haya salido pese a la advertencia. Juan debido a que miraba tanto los noticieros, salía lo menor posible de su casa, por temor casi que tampoco iba a ver quien llamaba a la puerta, desconfiaba de todo y de todos, incluso desconfiaba del eco de su propia voz. Era una persona muy reservada, nunca hubo ni una queja por parte de los vecinos, era una persona ejemplar, un modelo a seguir. Lamentablemente no tenía descendencia porque si la tuviese deberían estar más que orgullosos de su padre.
Resultaba muy extraño, había muchos silencios, baches y mentiras, si es que era cierto que la muerte fue una muerte accidental; la repentina amabilidad de Dana para con Max y cuando la limosna es grande, todo indicaba que debía sospecharse y ser rigurosamente sigiloso, metódico y cerciorarse de que no queden cabos sueltos, mismo la policía tampoco estaba convencida de lo sucedido sino no lo hubieran autorizado a investigar a fondo.
Todo, en absoluto todo indicaba que Juan quería reivindicar el nombre de Max y con su muerte dejaba en sus manos el legado detectivesco para lo cual fue instruido durante años, y que resuelva el caso. Cambiar de una vez por todas, la suerte de su único y amado sobrino. Ese fue el motivo que lo llevó a querer desenmascarar la verdad y que descansen en paz los restos y cumplir con la voluntad del tío.

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